Aprovechando la celebración de los 10.000 seguidores de nuestra página, tenemos el placer de anunciar que acaba de salir a la venta el libro LA VALENCIA INSOLITA de Roberto Tortosa.
Se trata de un libro de 352 páginas que siguiendo nuestra dinámica pretende mostrar los lugares curiosos de nuestra ciudad. A diferencia de la web que lo hace a través de reseñas individuales, el libro está estructurado en capítulos temáticos ilustrados con una gran cantidad de fotografías del mismo autor. Algunos de ellos, como el dedicado a la Valencia Cinematográfica, hemos querido hacerlos desde un enfoque original y distinto al habitual.
Incidiendo en el aspecto “insólito” de la publicación, hemos tenido el privilegio de poder fotografiar algunos lugares que muy posiblemente es la primera vez que aparezcan en un medio público.
Hemos intentado que la selección de temas fuese lo suficientemente variada y que abarcara, en la medida de lo posible, el mayor ámbito geográfico para que el lector de cada barrio o pedanía de la capital pueda sentirse identificado al leer el libro.
Deseamos que sea de vuestro agrado, tanto como el cariño y la ilusión que hemos puesto en su realización.
En unos días podréis encontrar el libro en las librerías más importantes de Valencia, así como en centros comerciales como El Corte Inglés o Fnac.
A principios del S. XX la familia Oltra abrió una tienda de confección a la entrada del Pasaje de Ripalda haciendo esquina con la calle de San Vicente. Queriéndole dar un toque de distinción a la decoración del local, encargó una artística escalera al pintor Manuel Benedito y al famoso arquitecto Antoni Gaudí le pidió que se encargase de diseñar los escaparates. Gaudí creó tres cúpulas de cristal de Bohemia y tres vidrieras con forma de cola de pavo real.
Décadas más tarde, el dueño encargó dos réplicas adicionales de las vidrieras cuando la tienda fue ampliada. Esta conservó tan distinguida decoración hasta que fue vendida por la familia propietaria a finales de los años 90. Las sucesivas reformas para adecuarla a los distintos negocios que la ocuparon posteriormente, culminaron con el total desmantelamiento de cúpulas y vidrieras.
De un tiempo a esta parte, han sido repuestas dos de aquellas vidrieras recayentes al interior del pasaje, pero ignoramos si se tratan de las originales o de las réplicas de las mismas.
Calle de las Brujas, así se conoció durante siglos a la actual calle Angosta del Almudín, vía que, como su nombre indica, discurre a lo largo del muro norte del edificio del Almudín y lo separa de la manzana de viviendas contigua. El origen de su nombre es incierto, pero se especula que ciertas hechiceras dedicadas a la elaboración de pócimas mágicas pudiesen haber habitado en ella.
Leyenda o realidad, es innegable que esta calle, especialmente de noche, conserva un hálito de misterio casi medieval que le confieren elementos como el empedrado del suelo o el muro del Almudín, además de tratarse de una de las más estrechas del casco antiguo. A todo ello hay que añadir la curiosidad de que durante largo tiempo, en ambos extremos de la calle, existieron unas puertas que la cerraban al caer la noche.
En uno de los muros de la Capilla del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia penden unas enormes cadenas de hierro que su día cerraban la entrada del puerto de Marsella. Durante un ataque a esta ciudad francesa en 1423, por parte del rey Alfonso el Magnánimo, este ordenó romperlas para poder entrar victorioso en el puerto. Romeu de Corbera, capitán de uno de los barcos de la flota real, ejecutó la orden. Para ello se valió de una especie de arpón que también se conserva en la capilla, junto a las cadenas, como reliquia bélica.
Durante este fin de semana, y un año más, los valencianos celebramos la festividad del 9 de Octubre. Y si hay un lugar en la capital ligado simbólicamente a este día, es el Palau de la Generalitat, el emblemático edificio gótico del S.XV, fácilmente reconocible por sus torres gemelas.
Pero esta estampa tan habitual para nosotros siempre no fue así. De hecho, la torre recayente a la plaza de Manises se trata de lo que en arquitectura se conoce como un “falso histórico” o una invención arquitectónica. El Palau únicamente contaba con la torre original que da a la plaza de la Virgen, hasta que a principios de los años 40 se decidió ampliar el palacio y construir una nueva torre que quedaría totalmente finalizada en 1952.
Se intentó imitar a la torre antigua con bastante fortuna (en parte por la utilización de piedra de la cantera original), aunque si nos fijamos bien hay elementos que difieren de una torre a otra.
Es posible comprobar el aspecto previo a la construcción de la segunda torre en fotografías antiguas, como esta de Jean Laurent, tomada en 1870, con la que ilustramos nuestra reseña.
Hablábamos en la reseña anterior del Palacio de Catalá de Valeriola, situado en la plaza de Nules, y de cómo había sido sede de un círculo literario cuyos miembros utilizaban extraños pseudónimos. Pues bien, frente a él existe otro palacio que en cambio alberga una sociedad cuyos miembros destacan por sus apellidos ilustres.
El Palacio de la Maestranza de Caballería es un edificio barroco del S. XVIII y reformado - al igual que su vecino - en estilo neoclásico. Es la sede de la orden nobiliaria que da nombre al palacio, creada a finales del S. XVII con el objetivo de que la nobleza se ejercitase en el arte de la guerra, y que actualmente se dedica a fines sociales y culturales. De las cinco Maestranzas existentes en España (las otras son las de Sevilla, Ronda, Granada y Zaragoza), la de Valencia fue la única que entró oficialmente en combate durante la guerra de Independencia.
Para ser miembro de tal selecta sociedad, es requisito imprescindible acreditar linaje nobiliario en los cuatro apellidos (los dos del padre y los dos de la madre).
En la plaza de Nules se encuentra el Palacio de Catalá de Valeriola, edificio gótico del S. XV pero de aspecto neoclásico, debido a las reformas sufridas durante en el S. XVIII. Este palacio fue sede durante un corto espacio de tiempo (1591-1594) de un círculo literario conocido como Academia de los Nocturnos.
En él se reunían todos los miércoles por la noche (de ahí su denominación) un grupo de los más destacados intelectuales de la época entre los que se encontraban Guillem de Castro, Gaspar Aguilar o Escolano.
Durante las reuniones se leían discursos y poesías, que posteriormente eran recopilados y publicados. Cada uno de los miembros de la Academia contaban con un misterioso pseudónimo siempre relacionado con la noche: Tinieblas, Sueño, Sombra, Sosiego…
Aquí os dejamos un enlace al reportaje "Una visita a las entrañas de Valencia" del diario Las Provincias, en el cual tuvimos la oportunidad de prestar asesoramiento para su realización.
https://www.lasprovincias.es/culturas/201508/17/visita-entranas-valencia-20150817171723.html
Esperamos que os guste.
Buscando nuevos retos, nos congratulamos de haber colaborado con el diario Las Provincias en la elaboración de uno de sus reportajes. Debido a la gran acogida que tuvo nuestra reseña sobre los sótanos de la Lonja y como ya habiamos publicado otras de temática similar, el diario se puso en contacto con nosotros para pedirnos asesoramiento para un reportaje dedicado a la Valencia subterránea. Además de facilitarles información, tuvimos el gusto de acompañarlos a visitar algunos de esos lugares subterráneos y les "cedimos" la fotografía de la Sala Hipóstila que ilustra el reportaje.
Desde aquí queremos felicitar a Beatriz Olmos por su artículo -publicado ayer jueves, 13 de Agosto- y le disculpamos algunos pequeños errores debidos, seguramente, a una incorrecta interpretación de la información suministrada.
El Salón de Racionistas se encuentra ubicado en la calle Blanquerias y forma parte del Colegio Gran Asociación, funcionando como pabellón deportivo del mismo. Fue diseñado en 1887 por el arquitecto Joaquín María Arnau, al que se deben obras tan conocidas como la del añorado Palacete de Ripalda. En origen, el salón era utilizado con fines benéficos y en él se repartían raciones de comida entre las gentes necesitadas, de ahí el significado su nombre.
La singularidad del espacio reside en su cubierta metálica a modo de bóveda tripartita sin pilares de apoyo intermedios. Todo un hito histórico, por tratarse de uno de los primeros ejemplos del uso del hierro laminado en la arquitectura valenciana. El introductor del hierro como material estructural en Valencia fue el arquitecto Sebastián Monleón y curiosamente el claustro del propio colegio Gran Asociación es obra suya.
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