El Museo Fallero se encuentra ubicado en la plaza de Monteolivete y en él se exhibe la colección de todos los “ninots indultats” desde 1934. El edificio que lo acoge fue en origen un convento dedicado a San Vicente de Paul. Se construyó a principios del S. XIX y estaba destinado a ser colegio de sacerdotes, pero el edificio quedo inacabado. Su periodo como convento fue breve ya que tras la Desamortización fue destinado a diversos usos, desde cuartel militar hasta prisión, que durante la posguerra vivió sus más oscuros momentos.
Adosado al edificio se encuentra la iglesia de de Nra. Sra. de Monteolivete, del S. XVIII, que da nombre al barrio.
Un vistazo a los muros exteriores de la Iglesia de Santa Catalina revelan detalles que pueden resultarnos curiosos si nos fijamos en ellos.
Posiblemente, el más llamativo de ellos es el de la escultura de la cabeza decapitada de un obispo desconocido.
Se encuentra en uno de los arcos ojivales de la fachada recayente a la plaza de Lope de Vega. Estos arcos corresponden a los antiguos arcosolios (capillas sepulcrales) que fueron cegados durante el S. XVIII utilizando diversos materiales de relleno, incluyendo fragmentos de esculturas góticas.
La cabeza de piedra en realidad es una réplica que sustituyó a la original (posiblemente del S. XV) durante los trabajos de restauración del templo.
Se da la circunstancia, que la cabeza original, custodiada en una vitrina dentro de la iglesia fue robada con nocturnidad y alevosía en 2005.
Estamos acostumbrados a la habitual estampa del edificio del Ayuntamiento presidiendo la plaza a la cual da nombre. Pero esto no siempre fue así, anteriormente a este existió otro edificio municipal conocido como La Casa de la Ciudad. Construido en el S. XIV, estaba situado en lo que actualmente son los jardines del Palau de la Generalitat.
En el S. XIX fue derribado salvándose muy pocos de sus obras artísticas, entre ellos el artesonado de su Sala Dorada que fue reubicado en el Salón del Consolat del Mar, en la Lonja, donde aún podemos contemplarlo. Su verja de hierro forjado también fue a parar a la Lonja, sirviendo de cancela para la capilla.
En la plaza del Conde del Real llaman la atención unas pequeñas casas de una sola planta. Se trata de unas antiguas caballerizas del S. XVIII anexas a la parte posterior del Palacio de los Escrivá, una casa señorial del S. XV que está declarada como BIC.
Este pintoresco rincón del centro corre riesgo de ser derribado para una futura ampliación del palacio.
Entre las actuales calles de Quart y Murillo, existió el Convento de la Puridad, construido en el S. XIII. De aquel convento aun sobrevive milagrosamente, encerrado entre fincas y apenas visible desde la calle, su jardín y parte del muro que lo rodeaba.
El jardín cuenta con impresionantes ejemplares botánicos. Entre ellos destacan tres palmeras de casi doscientos años y un olivo de más de cuatrocientos, que con sus dieciséis metros de altura, se convierte en uno de los más altos del mundo.
Cuando llegamos por la calle de Serranos hacia la plaza de Manises nos sorprende encontrarnos con un solitario campanario que no tiene iglesia. Pertenecía a la antigua Colegiata de San Bartolomé, una de las iglesias más antiguas de la ciudad, construida en el S. XIII y reconstruida en el S. XVIII. En los años 40 fue derribada la iglesia, aunque en el último momento, por mediación de varias entidades culturales, se consiguió paralizar el derribo del campanario, aunque no se llegó a tiempo de salvar el remate y el cupulín, confiriéndole su característico aspecto desmochado actual.
No obstante, también se salvaron las tres portadas principales. Una de ellas fue reconvertida en fachada para la iglesia de San Marcelino en el barrio del mismo nombre. Otra podemos encontrarla como entrada a la Escuela de Artes y Oficios de Burjassot. Y sobre la tercera existen discrepancias si desapareció o fue a parar a los Jardines de Viveros.
Del mismo modo, algunas de las obras de arte que había en su interior fueron trasladadas a la actual parroquia de San Bartolomé, ubicada en la avenida Reino de Valencia.
Durante el periodo de la Guerra Civil se llegó a contar en Valencia con más de 250 refugios antiaéreos. De todos ellos apenas se conservan unos pocos. Entre los que todavía subsisten, el que está construido bajo el patio del Instituto Luis Vives es el de mayor tamaño. Consta de cuatro galerías abovedadas paralelas entre sí de 33 metros de longitud cada una. Se accedía al refugio a través de unas rampas que partían del interior del instituto, hoy en día tapiadas. Actualmente se accede a él por una estrecha escalera que hay en el patio.
Aunque situada en una de las arterias principales de la capital esta sencilla cruz muchas veces pasa desapercibida para el intenso tráfico que pasa junto a ella. La cruz del Camí del Grao se encuentra en un jardincillo que hace de medianera entre la avenida del Puerto y la calle Islas Canarias y señalaba el límite por el Este de la ciudad de Valencia con la antigua Villanueva del Grao.
Fue construida en el S. XV, y de aquella época solo se conserva la columna de piedra ya que la cruz fue sustituida por una de hierro y desapareció el casalicio que la cubría. Tampoco su ubicación es la original debido a que las diversas remodelaciones en la avenida del Puerto la han cambiado de sitio en varias ocasiones.
El próximo miércoles se celebra la festividad de San Vicente Mártir, patrón de nuestra ciudad. Es el que la gente conoce popularmente como “el de las cruces para dentro”. Este dicho hace referencia a las cruces de término que antiguamente marcaban el límite municipal y que estaban situadas en los caminos principales de entrada y salida de Valencia.
Todavía existen varias de estas cruces, de distintas épocas y estilos. Entre todas ellas, destacan las cuatro cruces góticas construidas entre los siglos XIV y XV situadas en los caminos que venían a coincidir con los puntos cardinales.
Hoy nos detendremos en la situada en el Oeste. Se trata de la cruz cubierta que delimitaba el antiguo camino de Castilla. Actualmente se encuentra ubicada en una placita en pleno casco urbano de Mislata, rodeada de edificios modernos.
Conserva su estructura original, a excepción de la cruz que corona la columna de piedra, que fue destruida durante la Guerra Civil y sustituida por otra construida en hierro.
Situado en la calle Marques de Caro, en pleno corazón del barrio del Carmen, el Cinematógrafo Caro fue construido en 1910 como un proyecto innovador en nuestra ciudad, que podríamos considerar como un pionero del concepto de multicines actuales.
Consistía en dos salas de proyección separadas por una cafetería, en las cuales debían proyectarse películas mudas acompañadas por música de piano en directo. La realidad es que solo llegó a funcionar una sala. La otra sala se convirtió en los años 30 en el Cine Museo que estuvo en funcionamientos hasta finales de los 80, en que acabó sus días convertido en aquel entrañable “Pasaje del Terror” que muchos tal vez recuerden.
De todo el conjunto solo se conserva el frontis de la fachada del Cine Caro integrado en el patio del Colegio Santa Teresa. Su decoración floral es uno de los ejemplos más hermosos del estilo “sezessión vienesa” en Valencia.
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